martes, 17 de septiembre de 2013

Quién es Pablo Ferreyra

Pablo Ferreyra encabeza la lista a legisladores de Alternativa Popular, una colectora K armada por el ibarrismo. Sin embargo, su inicio en la política fue bajo otro paraguas ideológico, el de la izquierda independiente.

Pablo comenzó su militancia política dentro del Partido Obrero en Avellaneda, puntualmente llevando adelante tareas en la Escuela de Música Popular. Desde su trabajo territorial en la EMPA acercó a su hermano Mariano al partido, varios años antes de que éste perdiera la vida en manos de una patota sindical de los ferroviarios.

Dentro del PO, Pablo era “un militante más”, tal como lo definen sus excompañeros. Un tiempo antes de su alejamiento, se le pidió que milite en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, ya que se necesitaba una mayor presencia militante allí; sin embargo, luego del pedido decidió alejarse del partido de los trapos rojos y dejó su nueva tarea pendiente, algo que podría haberse entendido como una “promoción” dentro del PO.

“Pablo dijo que se fue del Partido Obrero por la posición frente al kirchnerismo, pero mientras estuvo en el partido nunca lo manifestó”, cuentan quienes trabajaban codo a codo en la calle junto a él, y resaltan la diferencia de tiempo entre su alejamiento (en 2005 y su desembarco en el FPV. “Se fue porque, como decimos en el partido, “se fundió”, no por una causa concreta”, agregan.

Luego de dejar de militar en el PO, Pablo perdió relación con el partido, aunque si siguió en contacto con algunos de sus excompañeros; sin embargo, pasó muchos años sin militar en otro partido. En medio, sucedió el asesinato de su hermano Mariano.

Cuando llega el juicio por el asesinato de Mariano, Pablo se acerca a los abogados del CELS por medio de la CTA que conduce Hugo Yasky. Allí nace la relación con el kirchnerismo.

Sin embargo, antes de que su nombre sonara para integrar la colectora K Pablo se acercó a Camino Popular, la alianza de Claudio Lozano con Marea Popular. Finalmente no integró ni la lista de diputados nacionales ni de legisladores porteños –las dos posibilidades que se habían charlado- y las cusas son difusas: por un lado se dice que no le cerraba el lugar que se le ofrecía en las listas, y por otro que su nombre fue vetado por Pablo Micheli, de la CTA opositora.

Tras rumorearse su nombre junto a Claudio Lozano, Pablo Ferreyra recaló en Alternativa Popular, una colectora del kirchnerismo porteño armada por el ibarrismo.

“Pablo está en la lista por portación de apellido, y porque el Gobierno quiere identificarse con un tema al que primero le fue hostil”, resaltan sus excompañeros, quienes no entienden la postura actual del flamante candidato. “Es candidato del Gobierno, del mismo Gobierno que estuvo del otro lado, defendiendo a Pedraza”, analizan.

viernes, 9 de agosto de 2013

Por qué el #8A fue un fracaso

Decir que la convocatoria opositora del #8A fue un éxito es negar la realidad. Pueden encontrarse en la manifestación distintos rasgos positivos, pero que de ninguna manera eran los que se perseguían con la convocatoria.

El fracaso del #8A tiene distintos orígenes:

La fecha elegida: tres días antes de las elecciones Primarias. Con la cercanía de los comicios, la gente en primer lugar cambia su humor hacia las manifestaciones, pero además al tener la posibilidad de canalizar los reclamos mediante el voto en las urnas, la necesidad de salir a las calles a reclamar pierde urgencia y prioridad.

El duelo nacional: en todo orden de la vida, no solo decide uno mismo. El duelo nacional decretado por la Presidenta desactivó todo gran acto político hasta las elecciones. No hubo cierres de campaña –los políticos tuvieron que conformarse con minutos de tele-, no hubo actos y no tendría que haber existido el #8A.

Si alguien vio (y recuerda) la película Wag the dog (en español Mentiras que Matan o La cortina de humo) con Robert De Niro y Dustin Hoffman, recordará la parte en que logran crear una guerra, y recordarán la forma en que ese conflicto llega a su fin. Los caceroleros inventaron el #8A, y CFK le puso el final. Todo lo que vino después, estuvo de sobra.

La falta de apoyo: si, estuvo La Solano Lima, agrupación del macrista Cristian Ritondo. Estuvieron Cynthia Hotton y Pato Bullrich. Pero faltaron los medios opositores, que en otro momento entregaron minutos de aire, páginas y lugares en la web para fomentar y luego cubrir las manifestaciones, y eso no es poco.

Falta de impotencia e indignación: El cepo al dólar, la negación de la inflación, la búsqueda de la re-reelección, Tragedia de Once, Castelar, la ficción de Fariña y Elaskar, el avasallamiento a la Justicia, las repetición del uso de la cadena nacional, etc. etc. son hechos que indignan a la gente común (diría Agarrate Catalina) y los llena de impotencia. En el último mes no se solucionaron, pero tampoco un hecho relacionado con esos temas fue centro de atención excluyente. En una palabra, no se bombardeó desde los medios con noticias relacionadas a temas que indignan a la gente y tienen al Gobierno Nacional como único culpable. La gente no sintió la necesidad de salir expulsada del living de su casa cacerola en mano a protestar y pedir que se vaya alguien.

Convocatoria papal: Es cierto que Francisco es un papa carismático, humilde y que logró en muy poco tiempo meterse en el bolsillo (gran bolsillo) a mucha gente que le había escapado a la fe y al cristianismo en los últimos años –o décadas-. Sin embardo, que el papa haya expresado en Río de Janeiro que “salgan a las calles” y “hagan lío”, no debe entenderse como un mensaje hacia la Argentina y hacia la política Argentina. Convocar a una marcha contra un Gobierno porque Francisco llamó a “hacer lío”, es desentender el panorama actual. Y no recordemos la alineación del kirchnerismo –que los caceroleros critican-, con el Papa... ¿para qué? El kirchnerismo se apropió del Papa, y los que critican al gobierno llaman a manifestarse porque el Papa así lo ordenó… ¿contradicción? ¿imprudencia?. Pongan el nombre que quieran.

La negación de la derrota anticipada. Quizás el punto más fuerte del fracaso de la marcha del #8A tenga que ver con este punto. Con todos los componentes adversos descriptos más arriba, y ante el pedido –no sólo de la oposición que representan, sino de militantes de redes sociales que adherían a anteriores marchas-, sobre la cancelación del #8A, los organizadores e impulsores del cacerolazo (lo es espontáneos ya es una cuestión de cinismo), decidieron continuar para adelante “y no dar el brazo a torcer”.

Si alguien opinaba en alguna red social que la manifestación debía ser suspendida, rápidamente aparecían usuarios criticando y diciendo que no la iban a suspender porque “eso es lo que busca el Gobierno”. Jamás entendieron que CFK ya había dado de baja la iniciativa con el duelo nacional. No vieron Wag the dog.

Y se hizo nomás. La poca gente que se acercó no estuvo mucho tiempo como en anteriores marchas. No había clima –faltaban cacerolas abolladas, caretas, pancartas ingeniosas- y no había razones urgentes para estar ahí. Pasaban, miraban, caminaban, fueron del Obelisco a Plaza de Mayo –o viceversa- y se volvieron. Aprovecharon que los colectivos no cambiaron su recorrido, que el Subte funcionaba, que ni siquiera se cortó el tránsito. Que todavía era temprano para cenar en casa y no trasnochar más de la cuenta.

Se hizo, nomás. Y no sirvió para nada. El final de la campaña y las PASO ocuparán a la opinión pública, a los medios, y al Gobierno, por suerte. Porque si el objetivo era reclamarle a la Presidenta, mostrar la ciudadanía opositora a días de ir a las urnas, no se logró.


Lo mejor que le pasó al cacerolazo del #8A es que pasará inadvertido. No sacará provecho alguno, pero tampoco será funcional a los intereses que buscaban criticar. Lo importante, hoy, es otra cosa.